domingo, 29 de noviembre de 2015

CIENTÍFICOS EMPRENDEDORES

http://xavierferras.blogspot.com.uy/2015/11/cientificos-emprendedores.html 

¿Se puede ser científico y ser emprendedor? Sin duda alguna. Las características de un buen científico (curiosidad, creatividad, rigor metodológico, disciplina y tenacidad) son exactamente las mismas que definen un buen perfil emprendedor. De hecho, un emprendedor no es sólo aquél que crea una empresa. Un emprendedor es aquél que idea proyectos y se vincula emocionalmente a los mismos, sea desde una nueva iniciativa empresarial, en la universidad, en la administración, en una gran empresa o en una ONG. Un emprendedor es alguien dotado de inquietud, creatividad, iniciativa y orientación a la acción. Alguien con voluntad transformadora, que desafía el status-quo para dar lugar a nuevas realidades institucionales, empresariales o sociales. Alguien más interesado en el cambio que en la monótona gestión del día a día. Y estos parámetros definen por igual a gran número de líderes científicos y empresariales. De hecho, el desarrollo del sistema de ciencia y tecnología en Catalunya se debe, en gran parte, a excelentes científicos que a su vez han sido grandes emprendedores, sin crear necesariamente una empresa. Líderes científicos que, una vez titulares de cátedras universitarias, podrían haberse mantenido en posiciones estables y tranquilas. Pero han preferido salir de su zona de confort, imaginar proyectos retadores, e impulsar desde cero centros de investigación que se han convertido en referentes globales. Para ello, han sido capaces de remover cielo y tierra, obtener recursos locales, ministeriales y europeos, y atraer talento internacional. Las grandes instalaciones científicas de Catalunya, como el Barcelona Supercomputing Centre o el Sincrotrón Alba, y buena parte de los centros de investigación de frontera surgen desde abajo, a partir de un sueño emprendedor, por el impulso de científicos dotados de visión de futuro y liderazgo transformador.

Por otro lado, buena parte de la metodología de investigadores y emprendedores es compartida. Desarrollar un plan de empresa es un proceso que debe realizarse bajo el método científico. No es arte: es ciencia. Exactamente igual que un proceso doctoral, la realización de un business plan parte del postulado de una serie de hipótesis, y de su demostración empírica. Hipótesis sobre el diseño del producto o servicio, sobre mercado potencial, sobre la formación de precios, sobre el comportamiento de los competidores, y sobre las necesidades operativas o financieras. Hipótesis que deben contrastarse y validarse con rigor científico,  cuantitativa y cualitativamente, exactamente igual que lo haría un estudiante de doctorado en cualquier otra disciplina (física, química, tecnología de materiales o ingeniería). La metodología de la buena ciencia y de la buena empresa no es tan distante como creemos.

Así pues, si las características emocionales y las metodologías son comunes entre científicos y emprendedores, ¿por qué nos empeñamos en mantener dichas capacidades separadas? ¿Por qué tenemos la imagen mental de que ambos grupos tienen ADNs incompatibles? Quizá esto explique parte de nuestros pobres resultados en transferencia tecnológica. ¿Por qué no facilitamos que los investigadores sean emprendedores, y que los directivos de empresa hagan tesis doctorales en sus disciplinas? Quizá una solución para acelerar el proceso de conversión de los avances científicos en realidades económicas pase por formar a los colectivos científicos en creación y crecimiento de empresas. Si partimos de la hipótesis de que existen tantos potenciales emprendedores entre el colectivo científico como en cualquier otra muestra poblacional, y asumimos que crear una empresa de éxito requiere rigor metodológico, ¿por qué no ofrecemos a los científicos, al menos, algún barniz sistemático de formación en management? Quizá lo único que nos falte para disparar el evento emprendedor (en un colectivo que es estratégico para el país) sea formarlos en técnicas de gestión como parte de su proceso doctoral. Y, a la vez, facilitar académicamente que directivos de empresas con inquietudes intelectuales puedan desarrollar tesis doctorales (cosa tradicionalmente reservada al mundo académico). Quizá esta es la vía definitiva para generar las deseadas y necesarias revolving doors entre universidad y empresa.


En los próximos años veremos avances significativos en ambas direcciones: la extensión de la formación emprendedora entre el colectivo investigador, y la creación de una base de directivos de empresa que se doctoren en sus disciplinas. Tendremos que facilitar los mecanismos para que todo ello sea posible. Un buen ejemplo, la iniciativa pionera del IRTA (Institut de Recerca en Tecnologies Agroalimentàries): un Entrepreneurship Postdoctoral Programme para que todos sus estudiantes de doctorado tengan formación complementaria en economía y competitividad global, estrategia, márketing, técnicas de innovación avanzadas, finanzas y habilidades directivas, con el fin de fomentar la creación de empresas surgidas de ese centro de investigación, descubrir vocaciones empresariales ocultas, y generar nuevas oportunidades económicas a partir de la ciencia. 

Artículo publicado en La Vanguardia,

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