miércoles, 31 de agosto de 2011

Neuroimaginación

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Las ideas ya no son lo que eran cuando se hacían famosas a través de frases como “el fin de las ideologías, “el medio es el mensaje”, “el fin de la historia” o “dios ha muerto”. Prevalecen las ideas monetarias mientras que las formas avanzadas del pensamiento conviven con las supersticiones, hambre, drogas, corrupción y consumismo.

El sabio fue desplazado por el experto ante tanta especialización. El que sólo tiene un martillo apunta siempre al clavo. Google permite acceder al saber al instante pero la paradoja es que no hay tiempo para ir más allá de los hechos. Nietzche decía que no hay hechos sino interpretaciones, como ideas que daban sentido y explicaban el mundo. Hoy ya no se piensa en cómo mejorar al hombre y a la sociedad.

Las redes sociales se dedican a lo trivial o imitar a ricos y famosos. Según la ley de Gresham la mala moneda desplaza a la buena, ahora lo superfluo se destaca. La prioridad es obtener respuestas rápidas, por eso se busca copiar y pegar antes que inventar o crear. Einstein creía que la imaginación es más importante que el conocimiento.

Predomina la información, no el intento de fabricar ideas para los problemas. La distracción sustituye al pensamiento, se valora lo que produce dinero y cambia el modo de vivir pero no el de pensar y sentir.

Bullying: La violencia social. La Unesco informó que 51% de los niños en 16 países latinoamericanos son víctimas de robos, amenazas o golpes de sus compañeros, que empeoran su rendimiento.

El subdesarrollo educativo y la baja calidad de formación, traen consecuencias socioeconómicas. La verdadera industria pesada de la sociedad es la educación, porque es la que fabrica ciudadanos. Educar no es dictar materias, es preparar para la vida, desarrollar la capacidad de hallar el rumbo, con flexibilidad y apertura, es decir creativamente.

La literatura y las ideas. La literatura crea ciudadanos libres. Sin lenguaje no hay ideas, pero la educación prioriza como motor del progreso, a la especialización. Es el árbol que tapa al bosque, que es la pertenencia del hombre al tejido social.

En la literatura nos reconocemos como iguales, comprendemos la riqueza de la diversidad y la trama de relaciones que nos vincula. Esta creación humana artificial perduró por siglos, mezclando lenguaje e imaginación. Acudimos a ella porque la realidad no nos basta. La novela existe gracias a la lectura, que es experiencia compartida. El buen lector sabe que la novela es una mezcla de imaginación, eventos y referencias al mundo real.

Somos lo que somos por lo que leemos. El que no lee habla mucho y dice poco, tiene una limitación intelectual y de horizonte imaginario, ya que los conceptos que explican la realidad no existen sin la palabra.

Los manuales científicos no mejoran la capacidad expresiva. Sus autores, suelen ser literariamente incultos. Hablar bien es disponer de la expresión para pensar, enseñar, aprender, dialogar, soñar y sentir.

La TV da prioridad a la imagen y degrada la lengua. Un programa literario es el modo de llamarlo aburrido. Por el contrario la literatura cuestiona, alimenta espíritus rebeldes y rechaza esa vida injusta. Sin literatura no existe el espíritu crítico y libre que motoriza los cambios.
Porque la vida es un sueño. Al suspender la cronología la literatura nos hace ciudadanos de lugares sin tiempo, más felices y lúcidos que en la rutinaria y limitada vida real. Esta vida soñada es mucho mejor.

La literatura afirma que el mundo está mal hecho, que mienten los que gobiernan, que con imaginación y la palabra se lo puede reinventar.
Una sociedad democrática necesita unir el mundo y los deseos. Con la terquedad de los sueños, avanzó la civilización, movilizando el espíritu, la imaginación y la sensibilidad contra la mediocridad. Sin eso viviríamos en un estado primitivo, sin ciencia ni tecnología. Para este espíritu que desacata la vida como es, la literatura fue su combustible.
Conócete a ti mismo. Sin lectura no existirían los adjetivos que describen la condición humana. El empeño del Caballero de la Triste Figura en ver gigantes por molinos era protestar contra las miserias de este mundo e intentar cambiarlo. Los ideales, no serían valores respetables sin encarnarse en el Quijote Los grandes escritores nos llevan a mundos de fantasía que abren nuestros ojos al descubrimiento.

“Borgeano” es despegarse de la realidad y acceder a una fantástica construcción mental, laberíntica, cuya singularidad no nos es extraña, porque reconocemos verdades íntimas de nuestra personalidad.

“Kafkiano, es sentirnos inermes ante maquinarias opresoras y destructivas como las iglesias intolerantes o las burocracias asfixiantes. Sin novelas no experimentaríamos la impotencia ante esos poderes.
“Orwelliano” alude a la angustia que generan las dictaduras del siglo XX, las más crueles de la historia, en su control de los actos y los sueños. Orwell describe un amo que combina terror y tecnología, sin libertad, espontaneidad e igualdad en una colmena de robots.

La realidad existe, lo que vale es la percepción. La irrealidad de la literatura es un vehículo del saber que descubre la violencia escondida en nuestro ser, aguardando el momento para imponer su ley, que acabaría con la convivencia y acaso con la existencia humana.

La literatura descubrió nuestro potencial autodestructor. Un mundo animal sería ciego a la motivación de la conducta, al conformismo ante el orden establecido. Los instintos llevarían a luchar por sobrevivir, a temer lo desconocido, a satisfacer sólo la necesidad física. No habría lugar para el espíritu, sino para la monotonía, para la sensación de que la vida es lo que es, que así será siempre y que nada podrá cambiarla.
Los medios monopolizan el tiempo que arrebatan. Pueden llevar a un mundo donde leer sea un recuerdo, una práctica anacrónica en las catacumbas de la civilización realizada por minorías neuróticas. Un mundo así sería una humanidad de robots que renunció a la libertad.
Depende de nuestra visión y voluntad el evitarla. Que triunfen la imaginación y la insatisfacción, que nos llevan tener vidas más ricas.

Construimos el cerebro. La lectura de la realidad como motor de la civilización y la cultura es un producto de la mente. Los genes nos brindan instintos y reacciones, el alimento es la experiencia. La capacidad de leer no fue incorporada a la herencia por la selección natural: el tallado del alfabeto en el cerebro es la victoria de la mente y del espíritu sobre la materia. Saber leer es el propulsor del aprendizaje de segunda mano. Newton dijo: “No soy un genio, estoy parado sobre la espalda de gigantes”. La lectura aprovecha la experiencia ajena.

Sin ella aprenderíamos a los golpes. La paradoja es que sabiendo leer casi no leemos ¿Estaremos perdiendo los valores humanos?

Neuroimaginación. Entre 1990-2000 la ciencia pudo escanear al cerebro mientras piensa. El hemisferio izquierdo procesa la palabra el derecho es la sede de la imaginación. Un cable de fibras neuronales permite que trabajen en equipo. De allí a la gimnasia mental neuróbica – el entrenamiento de las neuronas- hay un solo paso.

El pensador solitario tiene límites. Para Pascal el corazón tiene razones que la razón no entiende. Hoy la inteligencia se perfecciona con la tecnología. La inteligencia social es la faz externa de la emocional.

La escuela atrasa y las redes sociales no crean capital social ni intelectual. Atraen consumidores pero no a los creadores de valor. Brain storming fue ideado por Osborn hace 60 años para crear ideas en grupo sin someterlas al sabotaje de la crítica. La agenda moderna no deja tiempo para reuniones pero el Web storming permite conectarse las 24 horas. Community managers son líderes digitales que administran comunidades de interés y alteran el orden causal porque su deseo es la causa. El sistema educativo falla porque no enseña a potenciar el deseo, por eso el hombre sigue siendo la cenicienta el siglo en que, paradójicamente, florecen las neurociencias.

Llegamos a un momento disruptivo donde de lo que hagamos surgirá un mundo mejor o la consolidación de una pirámide en la que los dueños del poder, desde la cima, agiganten las desigualdades.

La neuroimaginación es el camino para que la neuroplasticidad – la capacidad que tiene el cerebro de autoformatearse con la educación y la experiencia- aplique la palanca de Arquímedes que puede mover al mundo sobre los pocos vitales de la ley 80/20 de Pareto, según la cual el 20% de los factores producen el 80% de los resultados.

Vivimos en un analfabetismo funcional caracterizado porque aun los que saben leer no leen. Se necesita volver a la primera tecnología, la generadora de las demás. El poder del hombre está ligado a la lectura.
Hoy la ecuación hombre-tiempo ya no cierra. El crecimiento exponencial de la información supera a sus destrezas lectoras. Como el tiempo no es modificable la solución es trabajar sobre uno mismo.

El hombre no es fuerte cómo los animales poderosos, no nada bajo el agua como el pez, no vuela como el pájaro, ni puede cambiar de colores como el camaleón, requiere de sus padres para sobrevivir; y sin embargo dominó al planeta. Ese poder lo obtuvo por su capacidad de comunicación que ninguna especie pudo imitar. Con la invención del lenguaje verbal logró compartir ideas, teorías, conocimientos, miedos y esperanzas. El hombre es el único ser que pudo grabar el alfabeto en su cerebro (nunca se pudo entrenar a un animal para que lea). Su valor se refleja en la frase de Borges: “no somos lo que somos por lo que escribimos, somos lo que somos por lo que leemos“.

Dr. Horacio Krell Director de Ilvem, contacto horaciokrell@ilvem.com


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